De acuerdo a un informe del sector, el costo de construir podría aumentar entre un 3% y un 6% en un escenario moderado, pero escalar hasta un 10% si la tensión geopolítica se prolonga, debido al impacto en variables clave como la energía, el transporte y las materias primas.
Este nuevo incremento se suma a una tendencia previa: entre 2020 y 2025, los costos de la obra nueva ya acumularon una suba superior al 32%, lo que deja a desarrolladores y compradores en una situación de alta vulnerabilidad ante nuevos shocks externos.
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El efecto no se limita a la construcción. El encarecimiento de los costos impactaría directamente en el precio final de las viviendas, reduciendo la cantidad de nuevos desarrollos y profundizando el déficit de oferta. Como consecuencia, se espera una menor disponibilidad de inmuebles y una mayor presión sobre los valores del mercado.
A esto se suma el frente financiero. La evolución del crédito hipotecario aparece como un factor determinante: cada punto porcentual adicional en las tasas puede implicar un incremento cercano a 100 euros mensuales en una hipoteca promedio, lo que restringe aún más la capacidad de compra de los hogares.
En este escenario, el impacto también se trasladaría al mercado de alquileres, que podría registrar nuevas subas ante la imposibilidad de acceso a la vivienda propia. El resultado proyectado por los analistas no es un colapso del mercado, sino una etapa de menor actividad, con menos compraventas, menor acceso al crédito y mayores exigencias económicas para compradores e inquilinos.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024





