Empresas de Estados Unidos comenzaron a analizar su ingreso en la Hidrovía Paraguay-Paraná, el principal corredor logístico de la Argentina, en el marco de la licitación impulsada por el gobierno de Javier Milei para adjudicar su operación. La posible participación de estos actores internacionales introduce un nuevo componente en una disputa ya marcada por la competencia entre grandes compañías globales.
El interés estadounidense se articula, además, con gestiones de la U.S. International Development Finance Corporation (DFC), que mantuvo reuniones con autoridades argentinas para explorar inversiones en infraestructura estratégica. Según fuentes vinculadas al proceso, este acercamiento responde a una ventana de oportunidad abierta por la política oficial de atraer capital extranjero hacia sectores clave.
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En el plano empresarial, la disputa central sigue concentrada entre dos gigantes del dragado internacional: la belga DEME y su competidora Jan De Nul, que opera la Hidrovía desde hace más de tres décadas. DEME presentó una oferta en la actual licitación y mantiene conversaciones con firmas estadounidenses como Great Lakes Dredge & Dock y Clear Street, que podrían sumarse como socios operativos o inversores.
En ese esquema, Clear Street participa como asesor financiero en la estructuración del proyecto y analiza una eventual inversión directa, mientras que Great Lakes evalúa un rol operativo en el dragado. El armado contempla, además, la posible incorporación de fondos de infraestructura y organismos multilaterales como la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial.
La Hidrovía Paraguay-Paraná es un activo estratégico: concentra cerca del 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas y conecta los principales polos productivos con mercados regionales como Brasil, Paraguay y Bolivia. Su concesión, que podría implicar inversiones cercanas a los 10.000 millones de dólares a lo largo de 25 años, se perfila como uno de los negocios de infraestructura más relevantes de América Latina.
El proceso licitatorio no está exento de controversias. A la histórica rivalidad entre DEME y Jan De Nul se suman cuestionamientos técnicos y denuncias cruzadas, en un contexto donde también se discuten las condiciones de competencia, la transparencia del proceso y el riesgo de concentración en un único operador.
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