El regreso del crédito impulsa un nuevo ciclo inmobiliario y redefine las expectativas para 2026

La mejora de variables macroeconómicas clave aparece como el principal motor de este cambio. La estabilización monetaria, la baja del riesgo país y un escenario inflacionario más contenido generaron condiciones que no se veían desde hace tiempo. Así lo describe Alex Sakkal, cofundador y director comercial de Grupo Nómada, quien remarca que la reciente devaluación no se trasladó de manera proporcional a los precios de los activos, una señal que interpreta como síntoma de mayor control inflacionario.

De cara a 2026, los indicadores adelantados —riesgo país, volumen de consultas y velocidad de venta en proyectos de alta calidad— “anticipan un año de mayor actividad y el inicio de un proceso de revalorización del metro cuadrado”, sostiene Sakkal. A su vez, destaca que un riesgo país en descenso vuelve viables instrumentos financieros que habían quedado fuera del radar durante años, como la deuda en el mercado de capitales, los créditos hipotecarios de mayor plazo y los esquemas de securitización con mercados secundarios más profundos.

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En ese contexto, la Ciudad de Buenos Aires continúa posicionándose como un polo atractivo para la inversión extranjera. Según el directivo, los valores actuales del metro cuadrado siguen siendo competitivos frente a otras capitales de la región, lo que refuerza su rol como imán para el ingreso de capitales. Con esa base, Sakkal proyecta que 2026 será “el año de la economía real” y no descarta que, si se sostiene la estabilidad, 2027 encuentre al sector inmobiliario en una fase de crecimiento estructural, apalancado además por el ingreso de divisas del sector energético.

El crédito hipotecario, eje del nuevo escenario

El resurgimiento del crédito hipotecario aparece como el factor más determinante del cambio de ciclo. En términos de precios, el segmento residencial usado cerró 2025 con valores superiores a los de 2024. “La variación estuvo arriba del 7% y entre las principales causas se ubica el crédito hipotecario”, explica Fabián Achaval, CEO de Achaval. Según detalla, el incremento estuvo traccionado principalmente por unidades de menor ticket, en el rango de los 150.000 a 200.000 dólares, adquiridas mediante préstamos bancarios.

Los números acompañan ese diagnóstico. De acuerdo con Achaval, en 2024 se concretaron unas 5.000 operaciones con crédito hipotecario, lo que representó el 9% del total anual. En 2025, con datos consolidados hasta octubre, las transacciones financiadas ascendieron a 14.500, equivalentes al 22% del total, es decir, unas 10.000 operaciones más. “Sin dudas, se trató de un gran año”, resume.

Desde WGW Desarrollos, su socio director Sebastián Wierzba coincide en que la perspectiva es positiva, en especial a partir del escenario que se configuró tras el resultado electoral de octubre. Para el ejecutivo, el regreso del crédito hipotecario será clave para ampliar la demanda y dinamizar las operaciones.

Una mirada similar aporta Uriel Broitman, director de SYGSA, aunque con mayor cautela. “No esperamos un crecimiento explosivo, sino una consolidación gradual”, afirma, apoyada en un contexto de mayor previsibilidad. En ese marco, subraya que el crédito puede convertirse en el principal motor del sector siempre que logre estabilidad en tasas, plazos y reglas claras.

En la misma línea, Francisco Altgelt, presidente de Altgelt, anticipa una suba de precios “muy moderada”, condicionada por la evolución del dólar y el financiamiento. A su entender, una reactivación más profunda del crédito hipotecario ampliaría la demanda y podría acelerar levemente el alza de los valores.

Estabilidad, financiamiento y nuevas demandas

Al analizar el escenario para 2026, la estabilidad macroeconómica surge como la variable más mencionada por los referentes del sector. Desde WGW Desarrollos prevén mayor previsibilidad en tasas, inflación y tipo de cambio, un factor que impacta positivamente en toda la cadena inmobiliaria. Para Rodríguez Nader, de CMNV, el financiamiento es determinante: “Sin crédito de largo plazo no hay mercado moderno”, enfatiza, y agrega que un dólar estable incentiva a canalizar ahorros hacia la economía real.

En cuanto a las tendencias, Broitman identifica un cambio claro en la demanda. Los nuevos desarrollos ya no se enfocan solo en sumar metros cuadrados, sino en ofrecer experiencias diferenciadas, con proyectos de menor densidad, arquitectura cuidada y una relación más fluida entre los espacios interiores y exteriores. Desde CMNV refuerzan esta visión y señalan que los desarrollos más competitivos combinan sustentabilidad real, flexibilidad e integración honesta con el entorno, donde la eficiencia térmica, la durabilidad y el bajo mantenimiento dejaron de ser opcionales.

En términos de rentabilidad, Rodríguez Nader estima que debería normalizarse en niveles de entre 15% y 20% en dólares para el ciclo completo de obra. No obstante, advierte que en un escenario de costos más altos la rentabilidad solo se sostiene con valor agregado. Altgelt introduce una señal de alerta adicional: una eventual retracción del tipo de cambio podría presionar los costos de obra y complicar la planificación de los proyectos.

Unidades en pozo y a estrenar: un segmento en evolución

El segmento de viviendas en pozo también mostró movimiento durante 2025, aunque con motores distintos según el momento del año. “El pico registrado en 2024 estuvo fuertemente traccionado por el blanqueo de capitales. En cambio, 2025 estuvo marcado por la aparición de los créditos hipotecarios”, explica Martín Flachsland, gerente de marketing de Estudio Kohon.

En ese contexto, los valores de las unidades en pozo aumentaron durante 2025 entre un 10% y un 15%, con variaciones que dependieron del barrio y del tipo de propuesta arquitectónica. Ante la falta de créditos bancarios viables para obras sin escritura, la financiación directa del desarrollador se consolidó como la principal herramienta para absorber unidades.

Desde Kohon destacan que 2026 abre un abanico de oportunidades atractivo, al combinar la seguridad de la entrega inmediata con la rentabilidad de los proyectos de largo plazo. Con un volumen de obra significativo y una planificación que cubre todo el calendario del próximo año, el sector se prepara para un escenario de recuperación gradual y selectiva.

Con el crédito nuevamente en agenda, un comprador más exigente y la estabilidad como valor central, el real estate argentino se encamina a un 2026 de consolidación. Ya no alcanza con construir: el mercado empieza a premiar la planificación, la diferenciación y la visión de largo plazo. El desafío, coinciden los protagonistas, será sostener el delicado equilibrio entre costos, precios y confianza en un país donde la previsibilidad continúa siendo el activo más escaso.

Fuente: iPorfesional

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