Durante los primeros meses de 2026, el Índice del Costo de la Construcción (ICC) registró incrementos moderados en términos nominales. En enero, el costo del metro cuadrado subió 3,3% y alcanzó los $1.376.901, mientras que en febrero el aumento fue del 1%, ubicándose en $1.391.033.
Sin embargo, el dato que preocupa no está en la evolución en pesos, sino en su traducción al dólar. La caída del tipo de cambio paralelo provocó que ese mismo costo pase de aproximadamente US$915 por m² a cerca de US$969 en apenas un mes, lo que implica una suba cercana al 6% en dólares.
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El efecto “dólar a la baja”
El fenómeno responde a una lógica macroeconómica concreta: cuando el dólar baja o se mantiene estable y los costos en pesos continúan subiendo, el costo medido en dólares se incrementa.
Esto altera uno de los incentivos tradicionales del mercado argentino, donde históricamente la construcción se volvía más atractiva en contextos de devaluación. En el escenario actual ocurre lo contrario: construir se vuelve relativamente más caro para quienes piensan en dólares.
Costos que no dejan de presionar
Más allá del impacto cambiario, los componentes internos siguen empujando el costo de obra. Entre los principales factores se destacan:
- Mano de obra: aumentos impulsados por paritarias del sector, con subas cercanas al 3% mensual.
- Materiales: incrementos constantes, aunque más moderados que en años anteriores.
- Gastos generales: logística, administración y servicios también ajustan al alza.
Este combo mantiene una tendencia ascendente, aunque a un ritmo menor que en 2023 y 2024.
Un costo que no refleja el valor real
Otro punto clave es que el costo por metro cuadrado que se utiliza como referencia técnica no incluye varios ítems fundamentales: el valor del terreno, impuestos, honorarios profesionales ni la rentabilidad del desarrollador.
Esto implica que el costo real de un proyecto puede ser significativamente mayor, lo que reduce márgenes y aumenta el riesgo para quienes impulsan nuevas obras.
El encarecimiento en dólares genera una tensión directa en el negocio inmobiliario: mientras construir cuesta más, los precios de venta no siempre pueden acompañar ese ritmo sin afectar la demanda.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024





