Mercado inmobiliario rural: enero rompe el molde y el sector anticipa un 2026 activo

A diferencia de lo que suele esperarse en pleno verano —cuando la estacionalidad reduce la circulación de compradores y la actividad inmobiliaria rural se ralentiza—, en este inicio de año hubo un flujo de interés que sorprendió a operadores del sector. La oferta de campos en venta continúa siendo escasa, y esa combinación de demanda activa y escasez de oferta está presionando los valores en diversas zonas del país.

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Expectativas y condiciones del mercado

Juan José Madero, de la inmobiliaria LJ Ramos, calificó este fenómeno como un “clásico impasse” en el que el mercado, aun con la rutina veraniega, mostró una actividad superior a lo habitual. Según destacó, el repunte responde en parte a un contexto macroeconómico más previsible, con inflación tendiendo a la baja, riesgo país en niveles reducidos y una relativa estabilidad cambiaria, factores que incentivan a los inversores a retomar la evaluación de proyectos a mediano y largo plazo en tierras productivas.

La escasez de campos en venta empieza a generar presión sobre los valores en varias zonas

En este sentido, señaló que hay inversores interesados en avanzar en proyectos productivos, mientras que muchos propietarios no se sienten urgidos a vender y prefieren esperar al mejor momento, conscientes de que los alquileres rurales —tanto ganaderos como agrícolas— están generando ingresos atractivos, al menos en sectores de alta demanda.

Precios y zonas con presión alcista

Respecto de los valores de la tierra, el campo agrícola de primera calidad —especialmente en regiones de alta productividad como la zona núcleo pampeana— ya muestra una recuperación sostenida. Allí, las expectativas de precio se estabilizan en bandas cercanas a los US$20.000 por hectárea, con inversores dispuestos a negociar incluso en torno a los US$18.000.

En cambio, en el segmento de campos ganaderos la evolución es menos de precio y más de actitud: según los operadores, hay más interesados dispuestos a negociar valores que antes no consideraban, aunque aún sin una suba marcada de los valores de lista.

Diferentes regiones muestran disparidades en los valores: en la Cuenca del Salado, por ejemplo, campos con buena receptividad ganadera se cotizan alrededor de US$3.500 por hectárea, mientras que áreas más marginales —como San Luis o La Pampa en sectores no núcleo— oscilan entre US$600 y US$800. Por su parte, los campos agrícolas de alto potencial en zonas como Tandil o Mar y Sierras se ubican en el rango de US$11.000–US$12.000 por hectárea.

Obstáculos estructurales y señales del sector

A pesar de las señales positivas, las inmobiliarias rurales también destacan limitaciones que siguen condicionando las operaciones. Las tasas de interés altas y el escaso financiamiento bancario para la compra de tierras son dos de los factores que obligan a negociar acuerdos directos entre compradores y vendedores, muchas veces con financiamiento otorgado por el propio propietario.

Mientras el campo agrícola de primera calidad consolidó precios, en el ganadero crece la disposición a negociar sin subas inmediatas

Además, la persistente escasez de oferta —una constante desde finales de 2025— mantiene la presión sobre los valores y obliga a los compradores a ajustar sus expectativas según la disponibilidad y calidad de las tierras. Este desequilibrio entre oferta y demanda se ha convertido en una de las claves del mercado, y según la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales, mantiene firme la presión alcista sobre los precios donde la demanda es más intensa.

Proyecciones para el 2026

En conjunto, los especialistas y operadores rurales coinciden en que el 2026 podría presentar un mercado sostenido y dinámico, aunque no exento de desafíos. La expectativa de reformas impositivas y cambios normativos en temas como la ley de tierras, la ley de bosques y la posible eliminación gradual de retenciones también conforma parte del horizonte de expectativas del sector, junto con un entorno macroeconómico menos volátil.

Las proyecciones más optimistas hablan de crecimiento en volumen de operaciones —incluso con interés de capitales extranjeros— y mejor dinamismo que en años recientes, siempre que subsistan condiciones de previsibilidad económica y que la oferta de tierras logre recomponerse.

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