La primera casa hanok construida en la Argentina se alza en Costa Esmeralda como un gesto de belleza y cultura. Este proyecto transforma un paisaje de arena y sol en un puente entre Argentina y Corea, ofreciendo una experiencia arquitectónica única.
Un proyecto que nace de la pasión por la arquitectura
La iniciativa surgió de los arquitectos Félix Raspall y Jennifer Lee. Él argentino y ella estadounidense con raíces coreanas se conocieron mientras estudiaban arquitectura en Harvard, donde quedaron fascinados por la arquitectura tradicional de Corea del Sur. Su objetivo fue trasladar a la costa atlántica argentina la armonía que caracteriza a los hanok, casas diseñadas para integrarse con la naturaleza antes que simplemente cumplir funciones básicas.
De Corea a la Argentina: reinterpretando un legado milenario
El hanok, que data de la dinastía Joseon en el siglo XIV, se distingue por su respeto por el entorno y el uso de materiales naturales como madera, piedra y tierra, siempre adaptados a las estaciones. Según la filosofía coreana, un hanok ideal se construye siguiendo el principio baesanimsu, con la montaña a la espalda y el agua al frente, para optimizar la energía y la luz.
Raspall y Lee, en lugar de copiar fielmente cada detalle, reinterpretaron los elementos esenciales. Así surgieron un patio central abierto al cielo, conocido como madang, que funciona como núcleo del hogar, aleros amplios que suavizan la luz y protegen de la lluvia, y el uso de la madera como protagonista de la estructura.
La construcción argentina-coreana
La casa se organiza alrededor del patio central y está sobreelevada sobre pilotes, cuenta con dos dormitorios y una sala de té versátil. Los materiales y el diseño maximizan la conexión entre los espacios interiores y exteriores, ofreciendo una sensación de amplitud y continuidad con el paisaje.
Al mismo tiempo, se incorporaron tecnologías contemporáneas. Aunque en los hanok tradicionales el piso se calienta mediante el sistema ondol, esta versión argentina suma climatización moderna, ventanas de doble vidrio y domótica, garantizando confort actual sin perder la esencia de la tradición coreana.
Un puente cultural
Más que una construcción, este hanok representa un diálogo entre culturas. Trae los códigos de una tradición milenaria para adaptarlos a un paisaje argentino donde la luz y el mar tienen otra presencia. Cada espacio invita a habitar no solo una casa, sino una forma diferente de entender la relación entre arquitectura, naturaleza y vida cotidiana.
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