El sector de la construcción atraviesa una etapa de creciente complejidad económica, marcada por un desfasaje cada vez más evidente entre costos y precios de venta. Referentes del mercado coinciden en que el negocio se volvió más riesgoso y con márgenes significativamente más ajustados.
Uno de los principales factores que explica esta situación es el aumento sostenido de los costos de construcción, especialmente medidos en dólares. En los últimos meses, el encarecimiento responde a una combinación de inflación en pesos y estabilidad cambiaria, lo que eleva el valor real de los insumos y la mano de obra.
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En ese contexto, desde el sector advierten que los precios de las propiedades no logran acompañar esa dinámica. La demanda muestra límites claros para absorber nuevos aumentos, lo que genera un “precio planchado” que tensiona la ecuación económica de los desarrollos.
“La ecuación se volvió incómoda”, coinciden analistas y desarrolladores: cada metro cuadrado cuesta más producirlo, pero el mercado no convalida subas proporcionales en el valor final.
Esta brecha impacta directamente en la rentabilidad. Según datos del sector, los márgenes se reducen a niveles mínimos e incluso pueden volverse negativos en determinados proyectos, especialmente cuando surgen imprevistos o desvíos en los costos de obra.
El efecto inmediato es una desaceleración en la actividad. Muchos desarrolladores optan por postergar lanzamientos o ralentizar obras a la espera de un reacomodamiento del mercado. En particular, se observa una caída en la construcción de viviendas individuales, donde el ritmo de nuevas obras disminuyó de manera significativa.
A esto se suma un cambio estructural en la lógica del negocio. Durante años, construir era una alternativa más económica frente a la compra de propiedades terminadas. Sin embargo, esa relación comenzó a invertirse: hoy el costo de construir se acerca cada vez más al valor de mercado de los inmuebles, reduciendo el atractivo para inversores.
En términos concretos, el costo del metro cuadrado ya se ubica cerca de los 1.000 dólares —sin incluir terreno ni otros gastos—, lo que refleja el encarecimiento del proceso constructivo.
Frente a este escenario, el sector enfrenta un dilema: trasladar los costos al precio final —con riesgo de frenar la demanda— o absorberlos, resignando rentabilidad. Ninguna de las dos opciones resulta sostenible en el mediano plazo.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024





