Los precios de las propiedades continúan en un sendero alcista y muchos potenciales compradores o inversores se preguntan cuáles son hoy los valores de los distintos tipos de construcción, buscando analizar si conviene adquirir un inmueble terminado o emprender una obra desde cero. En un contexto en el que el costo de la construcción se mantiene elevado —acumula un aumento del 98% desde octubre de 2023, según Zonaprop—, la pregunta sobre cuál es la mejor forma de acceder a una vivienda o desarrollar un proyecto inmobiliario se vuelve central.
En medio de esa incertidumbre, la construcción en seco gana protagonismo como una opción más eficiente, rápida y previsible. Este sistema constructivo, que en los últimos años se consolidó en Argentina en viviendas unifamiliares, ampliaciones, oficinas y proyectos industriales, se presenta como una alternativa frente al modelo tradicional basado en la mampostería húmeda con ladrillos y cemento.
El sistema en seco se caracteriza por evitar el uso de agua y de mezclas húmedas a la hora de edificar. En lugar de recurrir a revoques o morteros, las piezas se ensamblan, clavan o encastran sobre estructuras metálicas o de madera, reduciendo tiempos, costos y complejidad técnica. De este modo, los materiales se colocan directamente y el proceso se acelera, sin depender de los períodos de secado que requiere la construcción convencional.
Menos tiempo de obra y mayor previsibilidad
Uno de los principales atractivos de la construcción en seco es la velocidad. Dependiendo del tipo de proyecto, el ahorro en tiempo puede alcanzar entre un 25% y un 40% respecto del método tradicional. Esto implica que una vivienda que podría demandar un año de ejecución mediante ladrillos y cemento puede completarse en ocho o incluso en seis meses, según la escala y el grado de prefabricación.
Al no requerir materiales húmedos ni secados intermedios, el avance de obra es continuo. Las demoras por clima, humedad o inclemencias —factores que suelen retrasar obras tradicionales— prácticamente desaparecen. Esto no solo reduce el tiempo de entrega sino que también genera un efecto positivo sobre los costos, ya que se disminuyen los gastos financieros, los honorarios de supervisión y los imprevistos vinculados a la inflación.
Esa mayor previsibilidad es otro punto clave. La rapidez de ejecución reduce la exposición a las variaciones de precios de los materiales, los aumentos salariales o las fluctuaciones del tipo de cambio. En un país donde el índice de la construcción puede variar mes a mes, acortar los plazos se traduce en un ahorro significativo y en menor riesgo para quienes invierten en la obra.
Sustentabilidad y eficiencia
El sistema en seco también presenta ventajas desde el punto de vista ambiental. Al requerir menos recursos naturales —principalmente agua— y generar menos residuos, se lo considera una alternativa más sustentable.
Gran parte de los componentes que se utilizan, como los paneles de yeso, las placas de cemento o los perfiles galvanizados, pueden reciclarse casi en su totalidad. Además, los materiales se fabrican con medidas precisas, lo que evita desperdicios en obra.
Otro factor a favor es el desempeño energético. Este tipo de construcción permite incorporar fácilmente aislaciones térmicas y acústicas en los muros, techos y pisos, mejorando la eficiencia de la vivienda y reduciendo el consumo de energía para calefacción o refrigeración. El resultado es un hogar más confortable, con menor impacto ambiental y menores gastos en servicios.

Más espacio útil y menor espesor de muro
A diferencia de la construcción tradicional, los muros en seco tienen espesores mucho menores. Mientras que en una vivienda convencional las paredes pueden tener entre 35 y 45 centímetros, en el sistema en seco las envolventes rondan los 14 o 15 centímetros.
Esto genera una ventaja directa: ante la misma superficie edificable, se obtiene una mayor cantidad de metros útiles. En términos prácticos, un departamento o casa construida en seco puede ofrecer ambientes más amplios y mejor aprovechados sin incrementar los metros totales de obra.
Las prestaciones en cuanto a resistencia estructural, aislación térmica, protección acústica y seguridad contra el fuego son equivalentes a las de una construcción tradicional, siempre que se respeten las normas técnicas y los procesos de instalación adecuados.
Durabilidad y bajo mantenimiento
Otro mito que la construcción en seco ha ido desarmando con el tiempo es el de su supuesta fragilidad. Si bien en sus inicios se la asociaba a edificaciones temporarias o de baja calidad, hoy las tecnologías disponibles garantizan una durabilidad similar —o incluso superior— a la de una obra húmeda.
Cuando se realiza con materiales certificados y mano de obra capacitada, una vivienda en seco puede alcanzar una vida útil prolongada. Además, el mantenimiento es más simple: las reparaciones son limpias, rápidas y menos costosas, ya que no requieren romper mamposterías ni realizar tareas húmedas.
Otro beneficio importante es la reducción de la humedad. En la construcción tradicional, la humedad ascendente en cimientos o muros es un problema frecuente. El sistema en seco elimina esa posibilidad, ya que no se utilizan materiales porosos que absorban agua, lo que mejora la salubridad y el confort del interior.
Costos por metro cuadrado: la diferencia frente al ladrillo
Uno de los factores decisivos al momento de optar por este sistema es su costo. De acuerdo con estimaciones recientes, la construcción en seco es entre un 12% y un 15% más económica que la construcción tradicional.
Si construir un metro cuadrado de buena calidad en sistema húmedo ronda los US$1600 + IVA, la alternativa en seco puede situarse en torno a US$1340, considerando un incremento mensual promedio del 1,7% en septiembre.
Esta diferencia porcentual, que puede parecer moderada en el corto plazo, adquiere relevancia cuando se analiza un proyecto completo. En una vivienda de 150 metros cuadrados, la diferencia total puede superar los US$39.000, una cifra significativa en el contexto actual de costos elevados y escaso acceso al crédito.
La incidencia de la mano de obra
Otro elemento clave que incide en los costos es la estructura del gasto. En el sistema tradicional, la mano de obra representa alrededor del 50% del costo total, mientras que el otro 50% corresponde a materiales.
En la construcción en seco, en cambio, la proporción se modifica: la mano de obra tiene un peso de entre 30% y 40%, y los materiales concentran entre 60% y 70% del total. Esto se explica por la menor cantidad de horas necesarias para ejecutar una obra, la reducción de tareas húmedas y la simplificación de procesos.
En un contexto en el que la apertura de importaciones podría abaratar materiales y la mano de obra tiende a encarecerse por los ajustes paritarios y la inflación, esta estructura de costos vuelve al sistema en seco más atractivo para desarrolladores, inversores y particulares.
Un sistema adaptable a distintos proyecto
Aunque en Argentina el sistema se popularizó principalmente en viviendas unifamiliares, su versatilidad lo hace aplicable a múltiples escalas y usos.
En los últimos años, varias empresas del sector comenzaron a implementar el sistema en seco en proyectos de edificios de baja y mediana altura, oficinas, locales comerciales y ampliaciones urbanas. También se lo utiliza en barrios cerrados, desarrollos modulares y viviendas industrializadas.
La posibilidad de prefabricar paneles y estructuras en taller reduce los tiempos en obra y asegura una mayor precisión constructiva. A su vez, permite estandarizar procesos y mejorar la calidad, algo que en la construcción tradicional depende en gran medida del trabajo manual.
Impacto en el mercado inmobiliario
El auge de la construcción en seco está comenzando a modificar la oferta del mercado inmobiliario. A medida que más desarrolladores adoptan este sistema, los compradores encuentran opciones que se adaptan mejor a sus necesidades y a su capacidad de pago.
El menor tiempo de obra permite lanzar proyectos con plazos de entrega más cortos y costos finales más competitivos. Esto es especialmente relevante en un momento en que la financiación bancaria es escasa y las constructoras buscan esquemas más ágiles para sostener sus operaciones.
Al mismo tiempo, la construcción en seco contribuye a dinamizar economías regionales, ya que muchos de sus insumos se fabrican en el país y su montaje requiere mano de obra local calificada.
Comparativa entre sistemas
| Característica | Construcción tradicional | Construcción en seco |
|---|---|---|
| Tiempo de ejecución | 12 a 18 meses | 6 a 12 meses |
| Costo estimado por m² | US$1600 + IVA | US$1340 + IVA |
| Uso de agua | Alto | Nulo |
| Espesor de muros | 35–45 cm | 14–15 cm |
| Mano de obra | 50% del costo total | 30–40% del costo total |
| Desperdicio de materiales | Elevado | Bajo |
| Aislación térmica/acústica | Alta | Alta |
| Durabilidad | Alta | Alta |
| Mantenimiento | Medio | Bajo |
La evolución del costo de construir
El costo de construcción acumula un aumento del 98% desde octubre de 2023, reflejando el fuerte impacto de la inflación en materiales, transporte y servicios. Esta dinámica afecta tanto a las obras nuevas como a las remodelaciones, haciendo que cada decisión de inversión requiera un análisis más cuidadoso.
En este escenario, el sistema en seco se posiciona como una forma de mitigar esos aumentos. La posibilidad de planificar, presupuestar y ejecutar en plazos más cortos brinda un resguardo frente a la volatilidad.
A su vez, la creciente disponibilidad de materiales nacionales y la incorporación de tecnologías de producción industrial —como los paneles SIP (Structural Insulated Panels) o los sistemas steel frame— amplían la oferta y reducen la dependencia de insumos importados, mejorando la competitividad del sector.

Perspectivas
Con la tendencia hacia la eficiencia y la sustentabilidad, la construcción en seco tiene un amplio potencial de crecimiento en el país. Si bien aún representa una fracción menor del total de las obras residenciales, su participación viene en aumento, impulsada por los costos, los tiempos y las nuevas demandas habitacionales.
En el corto plazo, se espera que la expansión continúe especialmente en el segmento de viviendas de clase media y media alta, donde el acceso al crédito hipotecario sigue limitado y la necesidad de reducir costos es prioritaria.
El sector privado observa también un espacio para combinar sistemas: obras que integran estructuras tradicionales en las fundaciones o en los núcleos húmedos y soluciones en seco en tabiques, fachadas y techos, logrando un equilibrio entre robustez, rapidez y eficiencia.
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