El aumento extraordinario de las lluvias puede generar consecuencias sobre las construcciones en Misiones debido a las características del suelo y la topografía provincial. La acumulación de agua incrementa el peso del terreno, reduce su resistencia y puede afectar desde cimientos de viviendas hasta taludes, rutas y cortes de roca.
El ingeniero Lucas Fraticelli, integrante de la Sociedad Argentina de Ingeniería Geotécnica (SAIG) y de la Sociedad Internacional de Mecánica de Suelos e Ingeniería Geotécnica (ISSMGE), explicó que uno de los principales factores de riesgo no está solamente relacionado con el volumen total de precipitaciones, sino con la cantidad de agua que puede concentrarse en períodos breves.
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Misiones recibe alrededor de 2.000 milímetros de lluvia por año y, ante un incremento importante de las precipitaciones, los sistemas naturales y artificiales de evacuación pueden verse sobrepasados. La geografía ondulada de la provincia y la presencia de numerosos cursos de agua aumentan además la exposición a crecidas, erosión y movimientos del terreno.
Fraticelli explicó que el suelo funciona como un material poroso capaz de absorber agua. Cuando se satura, aumenta su peso y al mismo tiempo pierde parte de su resistencia interna. Esa combinación puede favorecer problemas de estabilidad, particularmente en pendientes, taludes y sectores donde existen cortes sobre suelo o macizos rocosos.
El fenómeno también puede afectar construcciones que llevan años asentadas sin presentar inconvenientes. Una elevación del nivel freático puede modificar las condiciones del terreno sobre el que descansan los cimientos y eventualmente provocar asentamientos o fallas localizadas. El riesgo depende, entre otros factores, del tipo de suelo, el diseño de las fundaciones y la forma en que circula el agua alrededor de la estructura.

La situación presenta una dificultad adicional en Misiones por la heterogeneidad del terreno. En pocos metros pueden encontrarse sectores de roca, tosca, suelo ñau o suelo colorado, cada uno con comportamientos diferentes ante una saturación prolongada.
El drenaje, clave para evitar problemas
Ante períodos de lluvias intensas, los sistemas de desagüe adquieren especial importancia. Las superficies impermeabilizadas por viviendas, veredas u otras construcciones impiden que el terreno absorba el agua de la misma manera que lo hacía originalmente, por lo que resulta necesario garantizar una evacuación rápida y evitar acumulaciones debajo de los cimientos.

Los inconvenientes pueden profundizarse cuando existen desagües pluviales rotos, insuficientes o mal ejecutados. La presencia permanente de agua debajo de una construcción puede ablandar el suelo y disminuir su capacidad para soportar las cargas de la estructura.
Entre las señales que deberían generar atención aparece la presencia de agua que brota directamente desde pisos o mamposterías. Fraticelli diferenció estos episodios de los habituales problemas de humedad propios del clima misionero, ya que pueden evidenciar una circulación anormal de agua debajo o alrededor de una vivienda.
Otro fenómeno que puede producirse es el denominado “lavado” del suelo. La circulación subterránea del agua puede ampliar fisuras o generar modificaciones internas que no necesariamente son visibles desde la superficie y que, debido a la heterogeneidad del terreno, tampoco siempre pueden detectarse mediante estudios realizados en puntos aislados.
En ese contexto, el mantenimiento de los drenajes y la evaluación adecuada del terreno adquieren especial relevancia tanto para las construcciones existentes como para nuevas obras, principalmente durante etapas de precipitaciones extraordinarias.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024





