El envejecimiento de la población empieza a modificar también las reglas del mercado inmobiliario. Frente a una mayor esperanza de vida y una caída sostenida de los nacimientos, arquitectos, desarrolladores y especialistas en planificación urbana comienzan a revisar cómo deberían diseñarse las viviendas para acompañar trayectorias vitales cada vez más extensas.
En ese escenario cobra fuerza el concepto de aging in place, que plantea la posibilidad de permanecer durante más tiempo en la vivienda elegida, incluso a medida que cambian las necesidades físicas, sociales o laborales. La tendencia no apunta a crear casas específicas “para mayores de 60”, sino inmuebles preparados desde su concepción para adaptarse a distintas etapas de la vida.
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El fenómeno encuentra respaldo en una transformación demográfica de alcance regional. De acuerdo con información citada del Banco Interamericano de Desarrollo, cerca del 30% del crecimiento del consumo en América Latina y el Caribe durante los próximos años provendría de la denominada generación Silver. Al mismo tiempo, las proyecciones indican que hacia 2035 las personas mayores de 60 años podrían superar en cantidad a los menores de 10.
Andrea Falcone, directora ejecutiva y cofundadora de THE SHIFT, sostuvo que el sector inmobiliario deberá revisar una lógica que durante décadas vinculó cada vivienda con períodos relativamente acotados de la vida de sus propietarios.
“El real estate funcionó durante décadas pensando en trayectorias de vida cortas: comprás una casa para criar una familia y, en algún momento, ese hogar deja de tener sentido. Joseph Coughlin, fundador del MIT AgeLab, manifiesta que el futuro del real estate ya no pasa por construir viviendas para personas mayores, sino por diseñar hogares y comunidades que acompañen trayectorias de vida más largas, autónomas y activas”, explicó.
El barrio y los servicios ganan peso frente a los amenities tradicionales
La transformación no se limita al interior de las viviendas. Según Falcone, factores como la cercanía con comercios, centros de salud, espacios verdes, propuestas culturales y transporte público podrían adquirir un peso creciente en la elección de una propiedad.
También cobrará relevancia la posibilidad de construir redes sociales y mantener una vida activa dentro del entorno cotidiano. En ese sentido, el concepto de calidad inmobiliaria comienza a incorporar no solamente las características edilicias, sino también la capacidad del barrio para sostener la autonomía de sus habitantes durante más tiempo.
Entre los servicios que podrían incorporarse en futuros desarrollos aparecen espacios de coworking para quienes continúan trabajando después de los 60 años, consultorios vinculados al bienestar, programas de actividad física, huertas comunitarias, cocinas compartidas, espacios para recibir a familiares, propuestas culturales, telemedicina y sistemas de asistencia bajo demanda.
“Hay que repensar el desarrollo inmobiliario no desde la infraestructura, sino desde la calidad de vida. Por ende, la planificación urbana y el financiamiento hipotecario deben responder una pregunta simple: ¿esta vivienda le permite a una persona seguir siendo autónoma diez o veinte años más?”, planteó Falcone.
La especialista agregó que ese cambio requiere incorporar criterios de accesibilidad desde el diseño inicial, promover comunidades intergeneracionales y revisar también la relación del sistema financiero con las personas mayores de 50 años.
Viviendas adaptables antes de que aparezca la dependencia
El cambio ya comienza a reflejarse en algunas decisiones arquitectónicas. La discusión dejó de concentrarse únicamente en elementos asociados tradicionalmente con la accesibilidad, como rampas o barras de apoyo, para incorporar modificaciones más amplias y preventivas.
Entre ellas aparecen la eliminación de desniveles, una mejor iluminación de los ambientes, espacios de circulación más amplios, cocinas y baños más funcionales y mobiliario que facilite el acceso cotidiano. Un ejemplo es el reemplazo de alacenas elevadas por sistemas de cajones de extracción completa.
El objetivo es que esas soluciones resulten útiles para personas de distintas edades y permitan que la vivienda se adapte progresivamente a sus habitantes, sin requerir grandes reformas cuando aparezcan limitaciones de movilidad.
De esta manera, el mercado inmobiliario comienza a sumar un nuevo atributo a variables tradicionales como ubicación, superficie, diseño o amenities: la capacidad de una propiedad y su entorno para permitir que una persona mantenga su autonomía, sus vínculos y sus actividades durante una etapa más extensa de su vida.
Fuente: The Shift Forum
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024





