El pueblo que vive bajo un mismo techo: curiosidades del edificio donde habita casi toda una ciudad

Imaginar un pueblo entero concentrado en un solo edificio suena a experimento urbano o a escenario de ciencia ficción. Sin embargo, en Whittier, una pequeña localidad de Alaska, esa idea es parte de la vida cotidiana. Allí, las Begich Towers albergan a casi todos los habitantes del lugar: unas 250 de las 263 personas que viven en esta ciudad costera residen en el mismo complejo de 14 pisos, convertido con el tiempo en una verdadera “ciudad bajo techo”.

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Ubicada en una zona de acceso limitado —solo se puede llegar por un túnel ferroviario que se abre en horarios específicos— y sometida a inviernos largos, fríos y ventosos, Whittier encontró en este edificio una solución práctica a un entorno poco indulgente. Más que una rareza arquitectónica, las Begich Towers son una respuesta directa al clima extremo y al aislamiento geográfico.

Un origen militar convertido en hogar

La historia del edificio se remonta a 1957, cuando el Ejército de los Estados Unidos construyó el entonces llamado Hodge Building para alojar a personal militar y sus familias. La base fue desactivada pocos años después, pero la estructura permaneció. En 1972, el complejo fue rebautizado como Begich Towers, en homenaje a Nick Begich, congresista de Alaska que desapareció en un accidente aéreo en la región.

Desde entonces, el edificio dejó de ser una instalación militar para transformarse en un complejo residencial autosuficiente, adaptado a las necesidades de una comunidad pequeña y aislada.

Diseño pensado para resistir

Uno de los aspectos más llamativos del complejo es su diseño arquitectónico. Las Begich Towers están compuestas por tres módulos interconectados, cada uno de 14 pisos, con una estructura preparada para soportar fuertes vientos y movimientos sísmicos. Los espacios de entre 18 y 20 centímetros entre los módulos permiten que el edificio se balancee levemente ante tormentas o terremotos, una característica clave en una región sísmicamente activa.

El complejo de 14 pisos está compuesto por tres módulos interconectados que albergan residencias, servicios esenciales y espacios comunitarios.

Los departamentos, de una, dos y tres habitaciones, se distribuyen en un diseño rectangular y funcional, con techos planos que refuerzan la estética sobria del conjunto. Pero lo que realmente distingue al edificio no es solo cómo se construyó, sino todo lo que contiene puertas adentro.

Una ciudad dentro del edificio

Las Begich Towers funcionan como un pequeño ecosistema urbano. Además de viviendas, el complejo alberga servicios esenciales que permiten a los residentes pasar largos períodos sin necesidad de salir al exterior. Dentro del edificio hay una oficina de correos, una tienda general, lavandería, una iglesia bautista, un hotel de dos pisos, salas de conferencias y hasta un patio de recreo cubierto para los niños.

La escuela, además, está conectada al edificio por un túnel subterráneo, lo que permite que los alumnos se desplacen durante el invierno sin exponerse al frío extremo. En una zona donde las temperaturas pueden ser implacables, este detalle de diseño marca una gran diferencia en la vida diaria.

La oficina del correo postal de la Bergich Tower.

La concentración de casi toda la población en un mismo edificio genera una dinámica social particular. En Whittier, los vecinos se cruzan a diario en los pasillos, en el ascensor o en los espacios comunes. La cercanía fomenta un fuerte sentido de comunidad, colaboración y solidaridad, con actividades sociales y eventos que refuerzan los vínculos entre quienes comparten no solo una ciudad, sino también un techo.

Lejos de resultar claustrofóbico, para muchos residentes este modelo representa una forma eficiente y segura de habitar un entorno hostil. Las Begich Towers no son solo un edificio: son una solución urbana adaptada al lugar y al clima, y un ejemplo singular de cómo el diseño y la arquitectura pueden moldear una forma de vida.

En tiempos en los que se buscan alternativas para habitar territorios extremos, este complejo de Alaska sigue despertando curiosidad y funcionando como una nota de color que demuestra que, a veces, vivir todos juntos no es una excentricidad, sino una estrategia para sobrevivir y convivir mejor.

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