Casas que respiran: crean un material de construcción vivo con hongos y bacterias que se repara solo

Lo que alguna vez fue parte del imaginario de la ciencia ficción hoy comienza a tomar forma en los laboratorios de Montana, Estados Unidos. Un equipo de investigadores ha desarrollado un material revolucionario a base de micelio —la red subterránea de los hongos— combinado con bacterias biomineralizadoras, que podría transformar radicalmente la forma en que construimos viviendas y ciudades en el futuro.

El avance propone un sistema constructivo vivo, autorreparable y ecológico, capaz de sustituir al contaminante cemento, uno de los pilares de la arquitectura moderna, pero también uno de los mayores responsables del cambio climático.

Un desafío global: reemplazar al cemento

Actualmente, el mundo produce más de 4 mil millones de toneladas métricas de cemento cada año, lo que representa cerca del 8% de las emisiones globales de CO₂. En términos de huella ambiental, la industria cementera ocupa el tercer lugar entre los emisores más grandes del planeta, solo detrás de China y Estados Unidos. Para la doctora Chelsea Heveran, autora principal del estudio, el desarrollo de materiales biológicos funcionales y resistentes es clave para reducir esa cifra. “Necesitamos soluciones que trabajen con la naturaleza, no contra ella”, afirmó.

El secreto: hongos + bacterias que construyen como el coral

El proceso desarrollado por el equipo consiste en introducir bacterias capaces de producir carbonato de calcio —el mismo mineral presente en corales, conchas marinas y huesos— dentro del micelio de los hongos. Este proceso de biomineralización transforma la estructura flexible del micelio en una especie de esqueleto sólido, rígido y liviano, con una textura similar a la del hueso.

Lo novedoso de este enfoque es que las bacterias permanecen vivas y activas durante semanas, lo que abre posibilidades para que el material no solo se endurezca, sino que pueda “curarse” a sí mismo si se agrieta, o incluso detectar la calidad del aire en su entorno mediante sensores biológicos integrados.

El futuro de la arquitectura regenerativa

Aunque el material aún se encuentra en fases experimentales y requiere más pruebas de resistencia, seguridad y durabilidad, los investigadores son optimistas. En particular, se trabaja en superar barreras como la estabilidad a largo plazo y el potencial alergénico del hongo en interiores humanos.

Si estos desafíos se superan, podríamos estar frente a una nueva era de materiales vivos, capaces de adaptarse al medio ambiente, absorber dióxido de carbono, y regenerarse sin intervención humana, marcando un antes y un después en el diseño de ciudades sostenibles.

De la biología a la ingeniería urbana

Este avance se suma a una creciente tendencia global que apuesta por la biofabricación: el uso de organismos vivos en la creación de materiales industriales. “No se trata solo de construir, sino de hacerlo con inteligencia biológica”, subraya Heveran.

Así, lo que antes parecía fantasía —vivir en casas que respiran, crecen y se curan solas— hoy se perfila como una alternativa posible, palpable y urgente en la lucha por habitar un planeta más sano.

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