Adiós al ladrillo: la construcción en seco gana terreno con obras más rápidas y costos previsibles

El fuerte aumento de los costos de construcción en los últimos meses volvió a poner en debate la conveniencia de construir una vivienda desde cero o comprar una propiedad ya terminada. Con subas acumuladas que rozan el 100% desde fines de 2023, el modelo tradicional de obra húmeda enfrenta crecientes dificultades para ofrecer previsibilidad en plazos y precios. En ese escenario, la construcción en seco emerge como una opción cada vez más elegida por quienes buscan reducir tiempos, controlar gastos y mejorar la eficiencia de las viviendas.

Este sistema, que incluye modalidades como la construcción modular y el steel framing, permite edificar una casa de tres ambientes en aproximadamente 90 días. La clave está en la industrialización del proceso: gran parte de la obra se realiza en fábrica, con componentes prefabricados que luego se ensamblan en el terreno. De esta manera, se evitan demoras por condiciones climáticas y se reducen los imprevistos habituales de la construcción tradicional.

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En términos de costos, el valor promedio por metro cuadrado se ubica actualmente entre los 1.100 y 1.500 dólares, una cifra comparable e incluso inferior a la de la obra húmeda, especialmente si se tiene en cuenta la incidencia de la inflación durante el tiempo de ejecución. Al tratarse de proyectos con precios cerrados desde el inicio, el impacto de las variaciones económicas resulta mucho menor.

Más eficiencia y menor impacto ambiental

Además de la velocidad, la construcción en seco se apoya en criterios de eficiencia energética y sustentabilidad. Las estructuras de acero galvanizado, combinadas con aislantes térmicos como lana de vidrio o poliestireno expandido, permiten reducir de manera significativa el consumo de energía para calefacción y refrigeración. A lo largo de la vida útil de la vivienda, esto se traduce en un ahorro considerable en los costos de uso diario.

El sistema también implica una obra más limpia, con menos desperdicio de materiales y una menor generación de residuos. A esto se suma la reducción de emisiones asociadas al proceso constructivo, un factor que gana peso en un contexto donde la sustentabilidad ya no es solo una demanda ambiental, sino también económica y productiva.

Materiales y tecnología aplicada

La construcción en seco reemplaza el ladrillo y el cemento por perfiles de acero galvanizado y paneles prefabricados. En el interior, predominan las placas de yeso, mientras que en el exterior se utilizan placas cementicias o de fibroyeso. En los últimos años, además, se incorporaron sistemas de aislamiento y terminación exterior que mejoran el desempeño térmico sin encarecer la obra.

Uno de los avances más utilizados es el sistema EIFS, que combina un aislante térmico con una terminación flexible reforzada con mallas, logrando altos niveles de eficiencia energética y durabilidad. Esta evolución tecnológica permitió despejar antiguos prejuicios sobre la resistencia y la vida útil de este tipo de viviendas.

Más superficie útil y previsibilidad

Otro de los puntos a favor del sistema en seco es el aprovechamiento del espacio. Las paredes son considerablemente más delgadas que las de ladrillo tradicional, lo que permite ganar metros cuadrados habitables sin modificar la superficie total construida. Esta diferencia impacta directamente en el valor final de la vivienda y en su funcionalidad.

La relación entre mano de obra y materiales también cambia. Mientras que en la construcción tradicional los costos suelen dividirse en partes iguales, en el sistema en seco la mano de obra representa una proporción menor del total. Esto lo vuelve especialmente atractivo en un contexto de aumento sostenido del costo laboral y mayor disponibilidad de materiales industrializados.

Un cambio de época en la forma de construir

Más allá del ahorro y la rapidez, la expansión de la construcción en seco refleja un cambio de paradigma en la planificación de viviendas. Se trata de un modelo que facilita ampliaciones futuras, permite diseños adaptables y ofrece mayor estabilidad de costos en escenarios económicos volátiles.

La combinación de menor tiempo de obra, eficiencia energética y previsibilidad posiciona a este sistema como una alternativa cada vez más sólida frente al método tradicional. Para muchos actores del sector, su avance ya no es una tendencia pasajera, sino el inicio de una transformación estructural en la forma de construir en Argentina.

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