La industria argentina atraviesa un escenario de fuerte retracción marcado por la caída del consumo, la pérdida de puestos de trabajo y las dificultades para sostener la producción. En Misiones, a esos factores se suma una desventaja estructural: la provincia no cuenta con una red de gas natural, por lo que el sector productivo depende principalmente de la energía eléctrica y enfrenta costos que condicionan su competitividad.
Gerardo Grippo, presidente del Movimiento Industrial Misionero (MIM) y empresario de la construcción, trazó un diagnóstico crítico sobre la situación y sostuvo que durante los últimos 32 meses confluyeron distintas variables que afectaron al entramado productivo. Entre ellas mencionó la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, el ingreso de productos importados y la paralización de la obra pública.
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Según Gripo, con menores ingresos disponibles, las familias reducen sus compras y ese comportamiento termina trasladándose hacia toda la cadena productiva. Grippo señaló: “Ha disminuido el poder de compra del salario, esto impacta directamente en la producción y, por ende, impacta directamente en la industria. La industria produce menos”.
El dirigente industrial también planteó reparos sobre las condiciones en las que las empresas argentinas deben competir frente a bienes provenientes del exterior. A su entender, la discusión sobre competitividad no puede limitarse únicamente a analizar la eficiencia de cada establecimiento, debido a que los países utilizan herramientas económicas y políticas específicas para fortalecer sus productos y facilitar su inserción en los mercados.
Para Grippo, la recuperación de la actividad requiere reconstruir la capacidad de consumo y, al mismo tiempo, sostener el entramado de empresas existente. “Para poder crecer tenemos que apuntar al mercado interno, para poder crecer no podemos destruir la industria”, afirmó. Desde esa perspectiva, una mejora de los ingresos podría traducirse primero en mayor demanda, posteriormente en un incremento de la producción y finalmente en una recuperación de la actividad industrial.
Cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo
El deterioro de la actividad también se refleja, según los datos planteados por Grippo, en la cantidad de empresas que dejaron de operar. El presidente del MIM aseguró que en aproximadamente 32 meses desaparecieron unas 30.000 pequeñas y medianas empresas en Argentina y se perdieron alrededor de 300.000 empleos.
Además, afirmó que actualmente cierran entre 33 y 37 pymes por día y advirtió que la tendencia podría profundizarse si no cambian las condiciones económicas.
El impacto no se limita a los establecimientos industriales. Grippo destacó que organismos científicos y tecnológicos como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) cumplen un papel estratégico para desarrollar procesos productivos, tecnología y conocimiento aplicados al agregado de valor.
En ese marco, sostuvo: “Nosotros tenemos que transformar nuestras materias primas, nuestros recursos y agregarles valor para producirlos al mundo”. Para el dirigente, consolidar una matriz industrial demanda inversiones sostenidas y capacidades propias, ya que una empresa necesita atravesar etapas de desarrollo antes de alcanzar mayores niveles de productividad.
La paralización de la obra pública golpeó a unas 150 actividades vinculadas
Uno de los sectores donde la retracción tuvo un efecto particularmente amplio fue la construcción. La reducción de la obra pública nacional afectó directamente a las empresas constructoras, pero también a una extensa red de proveedores vinculados con cada proyecto.
Grippo explicó la dimensión de esa cadena productiva: “La obra pública involucra 150 industrias anexas: los plásticos, la cerámica, los pisos, la metalmecánica con la chapa, la metalmecánica con las puertas, las aberturas, caños, 150 industrias, cables”. A ese conjunto agregó la forestoindustria, que participa con madera utilizada en estructuras y encofrados, además de pisos, cielorrasos y muebles.
De acuerdo con su diagnóstico, algunos sectores relacionados con el agregado de valor operan actualmente con niveles de utilización de la capacidad instalada que oscilan entre el 35% y el 45%. Eso significa que una parte considerable de la infraestructura productiva disponible permanece sin utilizar ante la falta de demanda y de nuevos proyectos.
La situación también alcanzó a su propia empresa. Grippo relató que la caída de la actividad obligó a reducir considerablemente el personal, incluso entre trabajadores con décadas de antigüedad. “Tuvimos que prácticamente dejarnos sin planta de gente que trabajaba con nosotros 20 años, 25 años. Tuvimos que reducir al máximo, no teníamos trabajo”, expresó.
El empresario indicó además que quedaron pendientes recursos nacionales vinculados con obras que habían comenzado anteriormente. Frente a ese escenario, destacó que el Gobierno de Misiones sostuvo con fondos provinciales determinadas obras de infraestructura consideradas prioritarias y retomó algunos proyectos que habían quedado paralizados.
La energía como una condición para producir
Más allá de la coyuntura económica, Grippo puso el foco sobre un problema estructural de Misiones: la disponibilidad y el costo de la energía. En ese sentido, mencionó inversiones provinciales destinadas a reforzar la infraestructura eléctrica, como la línea de 132 kilovoltios entre San José y Leandro N. Alem.
La disponibilidad energética resulta determinante para la radicación de nuevas industrias y la ampliación de las existentes. Sin capacidad suficiente para abastecer establecimientos de mayor escala, las posibilidades de generar nuevas inversiones, empleo y agregado de valor quedan limitadas.
Ese problema adquiere características particulares en Misiones porque la provincia no dispone de una red de gas natural. Por esa razón, Grippo reclamó al Gobierno nacional un esquema de “equidad energética” que permita compensar mediante tarifas eléctricas diferenciales la imposibilidad de acceder a otra fuente energética utilizada por las industrias de otras regiones del país.
“Si no nos pueden dar el gas, la Nación debe tener una compensación en la energía, en la única energía que tenemos, que es la eléctrica. Si no tenemos otra forma de energía, tienen que compensarnos en las tarifas para poder tener equidad para producir”, planteó.
Para el sector industrial, esa diferencia no representa únicamente una discusión tarifaria. El costo energético forma parte de la estructura de producción y termina incidiendo sobre el precio final de los bienes, la capacidad para invertir y las posibilidades de competir con empresas instaladas en provincias que cuentan con gas natural.
Misiones y la posibilidad de ampliar su mercado regional
Grippo también vinculó la discusión energética con la ubicación estratégica de Misiones. La provincia comparte fronteras con Brasil y Paraguay y se encuentra próxima a mercados de gran escala, una característica que podría favorecer la instalación de establecimientos orientados tanto al consumo interno como a la exportación.
“En un radio de 1.000, 1.200 kilómetros tenemos 30 millones de habitantes. Tenemos un gran mercado al lado que es Brasil”, destacó.
Desde esa perspectiva, reducir las asimetrías energéticas e impositivas permitiría mejorar las condiciones para captar inversiones y agregar valor a las materias primas generadas en la región. No obstante, el dirigente sostuvo que para avanzar en esa dirección resulta necesario establecer políticas que contemplen las particularidades estructurales de la provincia.
“Tenemos una posibilidad histórica si es que podemos conseguir determinada equidad energética, diferenciación en los tributos. Esto sí lo tenemos que trabajar y esto es lo que queremos”, concluyó Grippo.
El planteo combina así dos dimensiones de la situación industrial: una coyuntural, determinada por la caída del consumo, el cierre de empresas y la menor actividad; y otra estructural, relacionada con los costos energéticos y las condiciones necesarias para producir en Misiones. En ambos casos, el desafío pasa por evitar que la pérdida de capacidad productiva se convierta en permanente y generar condiciones para que la provincia pueda aprovechar su posición geográfica y sus recursos para ampliar el agregado de valor.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024





