La liberación de los fondos depositados en las Cuentas Especiales de Regularización de Activos marcará un nuevo escenario para los dólares blanqueados a partir del 1 de enero de 2026. Se estima que entre 20.000 y 24.000 millones de dólares quedarán disponibles sin restricciones, lo que abre oportunidades selectivas para distintos sectores, en especial el inmobiliario, aunque sin expectativas de un impacto inmediato o masivo.
Lejos de anticipar un salto automático en los precios, el cambio más relevante sería cualitativo. Se espera un mayor volumen de operaciones, más previsibilidad fiscal y decisiones patrimoniales orientadas al largo plazo. En ese contexto, la inversión en inmuebles vuelve a posicionarse como una alternativa concreta frente a la volatilidad financiera y a la exposición tributaria de otros activos.
Desde una mirada tributaria y patrimonial, se advierte que la libre disponibilidad de los fondos no implica una obligación de volcarlos al consumo o a la economía real. Por el contrario, los contribuyentes tenderán a evaluar distintas alternativas, desde mantener inversiones financieras hasta rotarlas o destinarlas a activos reales como la vivienda. Durante más de un año, gran parte de ese capital permaneció invertido o inmovilizado, generando rendimiento, por lo que el nuevo escenario obliga a redefinir estrategias más que a desarmarlas de manera automática.
El atractivo del mercado inmobiliario, no obstante, estará condicionado por dos factores centrales. Por un lado, el avance efectivo de las reformas impositivas en discusión, en particular las exenciones en el impuesto a las Ganancias sobre la venta y el alquiler de viviendas. Mientras esas definiciones no se formalicen, persiste un riesgo normativo que cada inversor deberá ponderar. Por otro lado, será clave el correcto ordenamiento operativo de los fondos, ya que una mala planificación financiera puede generar costos innecesarios y afectar el resultado final de la operación.
En términos operativos, el circuito financiero requiere especial atención. La venta de instrumentos financieros debe realizarse desde las entidades donde estén custodiados, transferir luego los fondos a la cuenta CERA bancaria y, posteriormente, a una caja de ahorro en pesos o en dólares. El uso de cuentas corrientes puede generar el impuesto al débito y crédito, un detalle que, aunque parezca menor, impacta en la rentabilidad final.
Desde el análisis impositivo, se coincide en que no se espera una salida masiva de los dólares del sistema financiero una vez levantadas las restricciones. La tendencia sería mantener el capital dentro del circuito formal, ya sea en inversiones financieras o en activos reales. El inmueble conserva ventajas estructurales frente a otros instrumentos, como una menor exposición a revalúos fiscales inmediatos, un tratamiento más estable en Bienes Personales, la posibilidad de generar renta con deducción de gastos reales y una mayor previsibilidad jurídica frente a activos valuados a mercado.
En el sector inmobiliario, la mayor disponibilidad de dólares líquidos en manos privadas podría traducirse en una mejora de la capacidad de pago directa. Muchos compradores contarían con fondos propios sin necesidad de financiamiento ni conversiones, lo que podría dinamizar operaciones de ticket medio y alto, segmentos donde hoy la demanda se encuentra contenida. Además, los dólares tienden a canalizarse hacia bienes reales como departamentos, terrenos, cocheras o unidades en desarrollo, tanto para resguardo de valor como para renta.
La liberación de fondos también podría impactar del lado de la oferta. La disponibilidad de dólares para cubrir etapas de obra permitiría acelerar proyectos en marcha, reducir riesgos financieros y acortar plazos de ejecución, especialmente en preventas y desarrollos ya iniciados.
A la hora de decidir qué hacer con los dólares regularizados, la disyuntiva no es solo inmobiliaria, sino patrimonial y fiscal. Entre las opciones más habituales se destaca la compra de la primera vivienda, considerada la alternativa más sólida por sus beneficios tributarios y la exención del impuesto a las Ganancias sobre la renta. La adquisición para renta ofrece hoy rendimientos moderados, aunque podría mejorar de forma significativa si avanzan las exenciones impositivas. También existe la opción de esperar, más frecuente en perfiles financieros, aunque implica asumir riesgos normativos, de mercado y de precios, ya que el costo de no invertir también es una variable a considerar.

Especialistas advierten que el atractivo de la inversión no se limita al nivel de precios, sino a la trazabilidad fiscal y la previsibilidad que ofrecen los inmuebles frente a cambios normativos. Entre los errores más comunes figuran pensar solo en la propiedad sin evaluar el impacto fiscal integral, apurarse a mover los fondos sin una estrategia definida y perder la trazabilidad documental del origen del dinero.
La liberación de las cuentas CERA no garantiza una avalancha de inversiones, pero sí inaugura una etapa de mayor libertad en la toma de decisiones. El desafío, coinciden los analistas, será invertir con planificación, eficiencia fiscal y una mirada de largo plazo, evitando movimientos impulsivos en un contexto que todavía presenta definiciones pendientes.
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