El metro cuadrado de construcción en dólares retrocedió y reordena el escenario inmobiliario en Argentina

La reducción no se explicó por una caída directa de los costos en pesos, sino por la combinación entre un dólar paralelo en alza y valores de materiales e insumos que se mantuvieron relativamente estables. Ese cruce generó un ajuste a la baja del costo medido en dólares, una variable clave para analizar la viabilidad económica de cualquier emprendimiento inmobiliario.

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Tras un período de fuerte presión por el encarecimiento de materiales, mano de obra e insumos dolarizados, el sector encontró una señal de alivio. El reacomodamiento del tipo de cambio, sin un traslado inmediato a los costos de obra, permitió descomprimir parte del estrés que venían atravesando los desarrolladores, especialmente aquellos que planificaban proyectos a mediano plazo.

Durante los últimos meses se había consolidado una situación atípica: muchos emprendimientos en pozo salían al mercado con precios superiores a los de unidades a estrenar. Esa distorsión respondió a la necesidad de incorporar costos de reposición elevados, mientras aún existía stock terminado construido con valores sensiblemente más bajos. Ese remanente continúa en el mercado, aunque pierde incidencia y deja de marcar el pulso general de los precios.

En paralelo, el empleo en la construcción mostró señales de estabilidad. Los registros sectoriales indican un crecimiento acumulado del 2,47% en lo que va del año hasta agosto. Desde mayo, el avance fue moderado, con un retroceso puntual en junio y una recuperación posterior en julio y agosto. El cuadro general refleja un reacomodamiento sin sobresaltos, en línea con un escenario de costos algo más equilibrados.

Otro factor central es el Índice CAC, que mide el costo de la construcción para obras privadas. Si bien viene creciendo desde hace más de un año a un ritmo cercano al de la inflación mensual, continúa muy por encima tanto del IPC como del dólar paralelo. Ese desfasaje explica por qué el costo de edificar alcanzó niveles históricamente altos y obligó a muchos desarrolladores a revisar proyectos, ajustar superficies, redefinir productos y recalcular márgenes.

Pese a la baja reciente, los valores siguen siendo elevados. En la Ciudad de Buenos Aires, el costo de construcción supera los 1.300 dólares por metro cuadrado. Si se compara con el promedio de 2018, el nivel actual se ubica más de un 29% por encima, mientras que los precios en pozo apenas avanzaron en torno al 2% en el mismo período. Esa brecha continúa impactando de lleno en la rentabilidad del sector.

Desde el ámbito desarrollador advierten que la baja debe interpretarse con cautela. El ajuste en dólares responde a factores coyunturales, como la estabilidad del tipo de cambio paralelo y la moderación de algunos rubros tras los picos registrados a comienzos de año, pero no constituye una caída estructural de los costos. En este contexto, el foco se trasladó hacia la eficiencia integral de los proyectos: la relación entre costo total y metros vendibles, la velocidad de ejecución y la adecuación del producto a la demanda real.

Las diferencias entre valores en pozo y unidades terminadas siguen marcadas por la historia de cada obra. Los proyectos construidos con costos anteriores pueden sostener precios más competitivos, mientras que los emprendimientos nuevos incorporan costos de reposición actualizados y proyecciones de inflación en dólares, lo que eleva el valor del metro cuadrado desde el inicio.

Un relevamiento reciente del sector pyme constructor ubicó el costo del metro cuadrado en torno a los 1.358 dólares en octubre de 2025, con una suba interanual del 26% y un incremento mensual cercano al 3%. A ese número se suman gastos que suelen subestimarse, como honorarios profesionales, tasas de visado, estudios de suelo y derechos de construcción, que pueden representar montos significativos antes de iniciar la obra.

Además, los tiempos administrativos para la obtención de permisos se consolidaron como un factor de riesgo económico. Las demoras en habilitaciones pueden alterar de manera sustancial los esquemas de costos previstos y modificar la ecuación financiera de los proyectos.

Fuente: Ámbito

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